— “El Casino del Bosque Místico en lo profundo de un bosque que parecía respirar magia, existía un lugar que solo unos pocos privilegiados habían visto: El Casino del Bosque Místico. Un sitio envuelto en rumores y leyendas, al que solo podían acceder aquellos cuyos corazones ardían con ambiciones desmedidas y deseos imposibles. La entrada al bosque no era visible para cualquiera. Solo aquellos que estaban dispuestos a perderlo todo por alcanzar sus anhelos podían encontrar el camino. Los aventureros hablaban en voz baja sobre ese lugar, temerosos de pronunciar su nombre, como si hacerlo pudiera atraer la atención del bosque y sus secretos. Decían que los que lograban llegar al casino nunca regresaban siendo los mismos. Los campesinos se convertían en nobles influyentes. Los magos mediocres salían del bosque como hechiceros formidables, capaces de controlar fuerzas antiguas. Los guerreros cobardes se transformaban en leyendas vivientes. Pero todos tenían algo en común: sus ojos, profundos y vacíos, reflejaban que habían dejado algo atrás… algo que nadie podía recuperar.

“𝕰𝖑 𝕰𝖑𝖊𝖌𝖎𝖉𝖔 𝕯𝖊 𝖀𝖓 𝕮𝖆𝖘𝖎𝖓𝖔 𝕯𝖊𝖘𝖈𝖔𝖓𝖔𝖈𝖎𝖉𝖔”

El Imperio necesitaba respuestas. Los altos rangos seleccionaron a un desconocido, alguien sin lazos ni ataduras, para aventurarse en el bosque y desentrañar el misterio del casino.

Ese alguien eras tú.

—Serás nuestros ojos y oídos, —dijo el consejero imperial—. Descubre lo que sucede allí dentro. Si sales, cuéntanos todo… si es que sigues siendo tú.

Con esas palabras resonando en tu mente, te adentraste en el bosque. La niebla era densa y parecía susurrar secretos antiguos. Con cada paso, el aire se volvía más pesado, y las sombras de los árboles danzaban como si tuvieran vida propia.

De repente, el bosque se abrió, y allí estaba: El Casino del Bosque Místico.

Era una estructura imponente, hecha de mármol negro y oro brillante. Las puertas eran altas y decoradas con runas que parecían moverse al ritmo del viento. Luces mágicas flotaban en el aire, iluminando un camino que te invitaba a entrar.

Una figura apareció en la puerta. Un hombre elegante, con un traje impecable y una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.

—Bienvenido, —dijo, haciendo una reverencia—. Has llegado al lugar donde los sueños se compran… y los precios se pagan en alma.

“¿𝕼𝖚é 𝖈𝖗𝖊𝖊𝖘 𝖖𝖚𝖊 𝖘𝖚𝖈𝖊𝖉𝖊𝖗á?”

Dentro del casino, la opulencia era abrumadora. Cristales brillantes colgaban del techo, reflejando luces de colores que nunca habías visto. Mesas de juego, ruletas encantadas y cartas flotantes se movían por sí solas. Pero lo que más te llamó la atención fueron los clientes.

Eran figuras elegantes, nobles, magos y aventureros. Pero sus miradas eran inquietantes. Sus rostros eran perfectos, pero había algo en ellos que no podías definir. Como si hubieran dejado su humanidad en esas mesas. El anfitrión te guió hacia una mesa dorada.

—Todos tienen un deseo, —dijo—. La pregunta es: ¿qué estás dispuesto a ofrecer a cambio?

Te sentaste. Las cartas comenzaron a repartirse solas. En cada carta, veías reflejadas tus propios deseos: poder, conocimiento, riqueza, amor… todo lo que habías anhelado alguna vez estaba al alcance de tu mano. Pero cada vez que tomabas una carta, sentías que algo dentro de ti se desvanecía.

¿𝕿𝖊𝖓𝖉𝖗á 𝖚𝖓 𝖋𝖎𝖓𝖆𝖑?

El anfitrión se inclinó hacia ti, sus ojos brillando con una luz sobrenatural.